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domingo, 3 de marzo de 2019

Paisajes pintorescos y paisajes sublimes



¿Viajar no es lo mismo que desplazarse? Lo afirma Diana Salcines de Delas en su tesis Literatura de viaje: Una encrucijada de textos donde nos ofrece una visión sobre el viaje en el siglo XX. Arranca situándonos en el viaje y sus motivos, nos aclara que al viajero lo que le induce a viajar ha evolucionado a lo largo de los siglos dependiendo de intereses, modas y necesidades. Veamos cómo descubren los viajeros los paisajes pintorescos y paisajes sublimes en destino turístico español.

El viajero emprende el viaje como una experiencia para el ánimo y el alma más que como ejercicio para el intelecto -Grand Tour, España quedó fuera por motivos de prestigio cultural-, significaba estudio e implicaba desarrollo y mejora de la propia personalidad. Nos introducimos en el viajero romántico del XIX dejamos atrás al viajero ilustrado del siglo XVIII. La ilustración estaba interesada en estudio del hombre y en la convivencia en sociedad -una hoja de hierba es siempre una hoja de hierba tanto en un país como en otro, Samuel Johnson-. El romanticismo nos trae una nueva sensibilidad para afrontar el viaje. Esa sensibilidad se refleja en la percepción del paisaje. El viajero ilustrado contemplaba los paisajes pintorescos -“mister picturesque” William Gilpin-, mientas que el viajero romántico se emociona con los paisajes sublimes.


El viajero ilustrado percibía el paisaje como un aspecto agrícola, un soporte de la actividad agraria, y lo concebía como un libro donde leerá la historia del país que visita. En cuanto el paisaje español,  los viajeros ilustrados británicos -abandona el Gran Tour y se acercan a la Península ibérica -promesa de exotismo-, la gran desconocida para ellos- describen las tierras yermas y despobladas y lo atribuían a largos años de mal gobierno, de la rapacidad de la Iglesia y del absentismo de los grandes propietarios para adentrase en una percepción paisaje donde el tema tenía valor por si mismo.

Anteriormente, se hallaban los viajeros eruditos. James Howell sentencia que el viaje es una Academia en movimiento. Corría el siglo XVII, los hijos de los nobles viajan para aprender lenguas, estudiar en las universidades y conocer las cortes más importantes. Como decimos, se modifica el concepto viajero en el  siglo XVIII. En relación a los ingleses se les conocían como viajeros filosóficos.  

Los viajeros románticos se conmovían con la percepción de la naturaleza, la califican como de terrible y horrorosamente bella. El paisaje lo encuadraban en una valoración de lo exótico -los viajeros ingleses- . Era la  atracción por el exotismo de tierras lejanas. La lejanía se hallaba en Oriente donde viajan viajeros comerciantes -en busca de riqueza- y aventureros. Más tarde, surgen los viajeros literatos pero su horizonte se ubicó en España donde relata su viaje.

Se configura una mirada esquemática sobre España. Sus crónicas se tiñen de una visión perdurable en je temporal. Los viajeros ingleses resaltan el esplendor de lo árabe. Los viajeros nórdicos relatan el calor asfixiante de la Península y su cegadora luz en el territorio español. Esta concepción climática proyectó la idea de un país tórrido del continente africano. Los viajeros franceses acentúan el aspecto supersticioso y religioso hasta el fanatismo del pueblo español.

La España turística se caracteriza como un caleidoscopio de miradas viajeras en función del país emisor conformadas en el tiempo desde los paisajes pintoresco -forjada en la ilustración- hasta los paisajes sublime -construida desde el halo romántico-.

¿Qué aporta el viaje a quien lo experimenta?

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