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martes, 30 de abril de 2019

El paisaje y el turismo


El turismo modifica el paisaje.

El paisaje deriva de la palabra holandesa Landschap, se utiliza para ensalzar los personajes durante el el siglo XVI,  se constituye como género con la pintura holandesa del siglo XVII, irrumpe el paisaje clásico, recuerda la arcadia, se populariza en el siglo XVIII con el Grand Tour, alcanza su protagonismo en la época romántica, se altera la tradicional vida rural tras la Revolución Industrial en el siglo XIX, emerge el paisaje moderno.

Lo recrean los artistas, plasman las montañas, los valles, los árboles, los ríos y los bosques, sitúa su punto de vista en el cielo, incluyen el clima[1],…, frecuentan los accidentes geográficos, buscan nuevos escenarios, cultivan la pintura paisajística al aire libre, se centran en el paisaje realista,…, finalmente, lo contemplan los turistas en los Museos -atractivo turístico-.



Viajan los artistas, se desplazan por Estados Unidos o Sudamérica como Frederick Edwin Church, se asocia el paisaje provenzal a Vincent Van Gogh a partir de 1888, se trasladan al  bosque de Fontainebleua  como Camille Corot o realizan excursiones con Pisarro con Cézanne -padre de la pintura moderna[2]-, motiva el desplazamiento el alto valor paisajístico por lo que el paisaje natural se convierte en un elemento fundamental para la oferta turística.

Guillermo Miranda Román[3] concluye que el turismo conducido con políticas improvisadas hace que se altere el paisaje.

Los cuadros viajan, muestran un paisaje y nos permite hacer turismo para contemparlos.




[3] Guillermo Miranda Román, La participación del turismo en la modificación del paisaje cultural
de Malinalco, Estado de México, Universidad Autónoma del Estado de México (México), PASOS. Revista de Turismo y Patrimonio Cultural. ISSN 1695-7121. 


Esta foto de Museo de Bellas Artes de Asturias es cortesía de TripAdvisor

domingo, 3 de marzo de 2019

Paisajes pintorescos y paisajes sublimes



¿Viajar no es lo mismo que desplazarse? Lo afirma Diana Salcines de Delas en su tesis Literatura de viaje: Una encrucijada de textos donde nos ofrece una visión sobre el viaje en el siglo XX. Arranca situándonos en el viaje y sus motivos, nos aclara que al viajero lo que le induce a viajar ha evolucionado a lo largo de los siglos dependiendo de intereses, modas y necesidades. Veamos cómo descubren los viajeros los paisajes pintorescos y paisajes sublimes en destino turístico español.

El viajero emprende el viaje como una experiencia para el ánimo y el alma más que como ejercicio para el intelecto -Grand Tour, España quedó fuera por motivos de prestigio cultural-, significaba estudio e implicaba desarrollo y mejora de la propia personalidad. Nos introducimos en el viajero romántico del XIX dejamos atrás al viajero ilustrado del siglo XVIII. La ilustración estaba interesada en estudio del hombre y en la convivencia en sociedad -una hoja de hierba es siempre una hoja de hierba tanto en un país como en otro, Samuel Johnson-. El romanticismo nos trae una nueva sensibilidad para afrontar el viaje. Esa sensibilidad se refleja en la percepción del paisaje. El viajero ilustrado contemplaba los paisajes pintorescos -“mister picturesque” William Gilpin-, mientas que el viajero romántico se emociona con los paisajes sublimes.


El viajero ilustrado percibía el paisaje como un aspecto agrícola, un soporte de la actividad agraria, y lo concebía como un libro donde leerá la historia del país que visita. En cuanto el paisaje español,  los viajeros ilustrados británicos -abandona el Gran Tour y se acercan a la Península ibérica -promesa de exotismo-, la gran desconocida para ellos- describen las tierras yermas y despobladas y lo atribuían a largos años de mal gobierno, de la rapacidad de la Iglesia y del absentismo de los grandes propietarios para adentrase en una percepción paisaje donde el tema tenía valor por si mismo.

Anteriormente, se hallaban los viajeros eruditos. James Howell sentencia que el viaje es una Academia en movimiento. Corría el siglo XVII, los hijos de los nobles viajan para aprender lenguas, estudiar en las universidades y conocer las cortes más importantes. Como decimos, se modifica el concepto viajero en el  siglo XVIII. En relación a los ingleses se les conocían como viajeros filosóficos.  

Los viajeros románticos se conmovían con la percepción de la naturaleza, la califican como de terrible y horrorosamente bella. El paisaje lo encuadraban en una valoración de lo exótico -los viajeros ingleses- . Era la  atracción por el exotismo de tierras lejanas. La lejanía se hallaba en Oriente donde viajan viajeros comerciantes -en busca de riqueza- y aventureros. Más tarde, surgen los viajeros literatos pero su horizonte se ubicó en España donde relata su viaje.

Se configura una mirada esquemática sobre España. Sus crónicas se tiñen de una visión perdurable en je temporal. Los viajeros ingleses resaltan el esplendor de lo árabe. Los viajeros nórdicos relatan el calor asfixiante de la Península y su cegadora luz en el territorio español. Esta concepción climática proyectó la idea de un país tórrido del continente africano. Los viajeros franceses acentúan el aspecto supersticioso y religioso hasta el fanatismo del pueblo español.

La España turística se caracteriza como un caleidoscopio de miradas viajeras en función del país emisor conformadas en el tiempo desde los paisajes pintoresco -forjada en la ilustración- hasta los paisajes sublime -construida desde el halo romántico-.

¿Qué aporta el viaje a quien lo experimenta?